La inteligencia artificial ha entrado en las empresas a través de pilotos en una amplia variedad de casos de uso que se expande continuamente. Por ejemplo, el COVID 19 ha impulsado el uso de IA para entender y combatir el virus, así como la propagación de la pandemia. En el futuro, se realizarán iniciativas de automatización inteligente en las que se reduzca o supervise la manipulación humana.

Una vez que los pilotos demuestran su potencial, el reto llega a la hora de escalar. En el escalado las preguntas que las empresas se plantean son distintas a las del piloto: ¿qué modelo tecnológico es el más adecuado para el uso a escala?, ¿qué inversión y capacidades serán necesarias? o ¿cómo se integra en los workflows o en la toma de decisiones?Inteligencia Artificial

Por otro lado, emerge otro tipo de cuestiones relacionadas con evitar los sesgos o la falta de alineamiento con los valores corporativos. Por ejemplo: ¿son fiables los resultados obtenidos?,¿quién es el responsable de su gobierno? o ¿cuál será el impacto de la nueva regulación que vendrá desde Europa?

En síntesis, no es suficiente con escalar la inteligencia artificial, sino que se debe asegurar que se implementa con un gobierno robusto

 

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